Al sacar la tabla de quesos de la nevera justo antes de servir, estás cometiendo un pequeño pero notable delito culinario.
El queso frío es un queso tonto; la baja temperatura ha atrapado sus grasas y compuestos aromáticos, apagando el sabor y haciendo que la textura sea excesivamente dura y cerosa, informa .
Un queso curado de calidad debe pasar al menos una hora en la mesa envuelto en pergamino.
Sólo a temperatura ambiente cobra vida, empieza a respirar y sus complejas notas -nuez, caramelo, afrutado- despliegan todo su potencial, ofreciendo la experiencia para la que fue creado.
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