Inviertes esfuerzo, tiempo y nervios en intentar que él sea más sociable y ella más tranquila.
Crees que estás cambiando a tu pareja para mejor, pero en realidad a menudo estás intentando ajustar a una persona viva a un ideal interno nacido de tus propios miedos o escenarios familiares, informa .
El amor por el proyecto de una futura pareja mata el amor por la real. Los psicólogos recuerdan: los rasgos fundamentales de la personalidad, el temperamento, los valores básicos se forman a una edad temprana y son extremadamente resistentes al cambio.
Pixabay
Un introvertido no se convertirá en el alma de la empresa, y un soñador espontáneo, en un planificador pedante. La aceptación significa ver claramente estos rasgos y decidir si estás listo para construir una vida con esta persona y no con una persona potencial.
Los expertos en terapia de pareja sugieren hacer una distinción mental entre «propiedades» y «acciones». Las propiedades son lo que viene dado (temperamento, capacidades básicas).
Las acciones son cómo se gestionan dentro de la relación. Es posible y necesario trabajar sobre las acciones (grosería, irresponsabilidad), pero exigir un cambio de propiedades es una causa perdida.
La experiencia personal de muchos que han renunciado al papel de «escultor» describe una sensación de profundo alivio. Cuando dejas de gastar energía en remodelaciones, de repente descubres que los recursos liberados pueden canalizarse hacia algo creativo: la construcción de planes generales que tengan en cuenta tus rasgos reales en lugar de los imaginarios.
No se trata de aguantar cosas que te hacen daño o te humillan. Se trata de discernir sobriamente: ¿se trata de un rasgo orgánico suyo con el que puedes transigir, o de un comportamiento destructivo que supone una violación de tus límites?
Lo primero requiere flexibilidad, lo segundo una conversación clara y quizá incluso la retirada. Cuando amas a la persona real y no a una copia mejorada de ella, la paz llega a la relación.
Dejas de vivir en un estado de evaluación crónica («¿ha mejorado?») y empiezas simplemente a vivir a su lado. Aprendes a apreciar su forma única de estar en el mundo, que quizá una vez te atrajo e inmediatamente decidiste «mejorarla».
Esta aceptación se convierte en la base de la verdadera intimidad. Te aman no por tu potencial, sino por lo que eres.
Y tú correspondes con la misma moneda. En esta autenticidad mutua nace ese puerto seguro en el que puedes ser débil, extraño, no ideal y, sin embargo, totalmente tú mismo.
Lea también
- Por qué agradecer es de mala educación y oxígeno para el amor: cómo el hábito de dar las gracias cambia la neuroquímica de la pareja
- Por qué mantener tu territorio en un hogar compartido: cómo el espacio personal alimenta tu intimidad
