Parece que los posos de café usados sólo sirven para tirarlos a la basura o, en el mejor de los casos, como exfoliante para la piel.
Sin embargo, su potencial oculto se revela tras la congelación, convirtiendo los residuos en un potente neutralizador de olores, informa .
Las gachas congeladas, colocadas en pequeños recipientes, funcionan en el frigorífico o el congelador con mucha más eficacia que el bicarbonato de sodio, descomponiendo incluso los olores más persistentes.
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El secreto está en la estructura porosa de los posos, que tras la congelación aumenta la superficie de absorción, y en el persistente aroma del café, que no enmascara, sino que elimina por completo los olores extraños.
Basta con sacar un cubito, ponerlo en un platillo en la estantería, y en pocas horas el aire se vuelve cristalino.
La misma sustancia viscosa congelada se convierte en un estupendo relleno para bolsitas perfumadas en los armarios de los zapatos o las bolsas del gimnasio.
Basta con meterlo en una bolsita de tela y sustituirlo una vez al mes. El café no sólo huele, sino que absorbe activamente la humedad y los malos olores, por lo que funciona como un desodorante natural que no genera residuos.Es importante utilizar posos sin azúcar ni lácteos, de lo contrario pueden enmohecerse. El método es perfectamente seguro y tiene un doble beneficio: por un lado, disfrutas de tu bebida y, por otro, el residuo dura mucho tiempo para mantener tu casa fresca.
Esto es lo último en consumo consciente, llevar el uso de un producto a su máximo lógico.
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