Las gachas retiradas del fuego y colocadas inmediatamente en los platos suelen engañar las expectativas: desde arriba pueden parecer cocidas, pero en su interior se derriten los granos crudos, poco cocidos.
El tratamiento térmico no termina cuando se apaga la cocina: es fundamental que las gachas alcancen su plena cocción bajo una tapa hermética y envueltas en una toalla de rizo, que hace las veces de termo, informa el corresponsal de .
Esta sencilla técnica permite conservar el calor residual y distribuir uniformemente los últimos restos de humedad, con lo que el trigo sarraceno, el arroz o el mijo quedan perfectamente desmenuzados y sabrosos.
Las gachas que han superado esta fase de reposo son radicalmente distintas en textura e integridad de sabor de las que se han servido con prisas.
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