La biología no está del lado de la pasión eterna: nuestro cerebro está programado para responder con una oleada de dopamina a la novedad.
Por eso los primeros meses de una relación son tan vívidos: todo es por primera vez, informa .
Pero cuando se estudia a la pareja a lo largo y ancho, y el horario se ha vuelto predecible, el cerebro simplemente deja de recibir estímulos suficientes del contacto con él, y la atracción se desvanece de forma natural. Esto no significa que se haya acabado el amor.
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Esto significa que ha pasado de una fase de enamoramiento apasionado impulsado por la química de la novedad a otra fase que puede ser más profunda pero que requiere un esfuerzo consciente. Para mantener el interés, no hay que intentar recuperar el pasado, sino crear nuevos estímulos para el cerebro en el contexto de una relación existente.
Los psicólogos aconsejan practicar la «novedad compartida». No tienen por qué ser deportes extremos.
Es cualquier actividad que se salga de lo habitual: cocinar un plato desconocido a partir de una receta, explorar una zona nueva de la ciudad, ir juntos a un taller. El cerebro reacciona ante la nueva experiencia como una aventura y asocia automáticamente estas emociones positivas con la pareja.
Los expertos en sexualidad también destacan la importancia de la novedad en la intimidad. El sexo predecible y rutinario deja de excitar el sistema nervioso.
Experimentar (con el consentimiento de ambos), hablar de fantasías, aprender de nuevo el uno del otro… todo ello proporciona al cerebro esa codiciada información nueva. La experiencia personal de las parejas que han conseguido reavivar la chispa después de muchos años suele pasar por cambiar… ellos mismos.
Cuando uno de los miembros de la pareja empieza a desarrollarse activamente, a aprender una nueva profesión, a cambiar de estilo, se convierte literalmente en una fuente de novedad para el otro. Vuelve a sentir curiosidad por la persona que creía conocer de memoria.
Es crucial no confundir la sed de novedad con el escapismo. Buscar emociones aparte es un síntoma, no una solución.
El verdadero reto es encontrar formas de sorprender y maravillarse dentro de tu unión, hacer de la propia relación un proyecto creativo que nunca se acabará. Cuando tejes regularmente hilos de nuevas experiencias en el tejido de tu relación, creas un tapiz que nunca se vuelve aburrido.
Tu cerebro recibe su ración de estímulos saludables y tu corazón recibe la confirmación de que tu pareja sigue siendo interesante, misteriosa y capaz de sorprenderte. Y ese conocimiento en sí mismo se convierte en un poderoso afrodisíaco.
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