Tenemos muy arraigada la idea de que los estiramientos son cosa de gimnastas y yoguis.
Aceptamos la rigidez de hombros y el dolor de espalda como un coste inevitable de la edad o del trabajo sedentario, sin siquiera intentar cuestionar esta opinión, informa .
La movilidad articular y la elasticidad muscular no consisten sólo en poder sentarse en una cuerda. Es, ante todo, libertad de movimientos y garantía de que a los 60 años podrá atarse los cordones de los zapatos con facilidad o darse la vuelta para mirar hacia atrás al aparcar.
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Un estilo de vida sedentario deja algunos grupos musculares permanentemente acortados y tensos, mientras que otros están debilitados. Este desequilibrio es una vía directa hacia el dolor crónico, cuyo origen los quiroprácticos se pasan años buscando, aunque la causa fundamental sea una simple falta de movimiento.
El estiramiento es un diálogo lento y deliberado con tu cuerpo. No se trata de dolor y superación, sino de explorar suavemente tus propios límites.
Esos mismos 10 minutos por la mañana o por la noche ayudan a «reiniciar» la estructura muscular liberando la tensión estática acumulada durante el día. Las lumbalgias agudas que solían aparecer un par de veces al año son cosa del pasado.
Resulta que al cuerpo no le faltaba una acción profunda, sino sólo cinco minutos de cuidados diarios. La relación con la longevidad de las articulaciones es directa: unos músculos flexibles y elásticos amortiguan mejor la carga de cartílagos y ligamentos.
La tensión, por el contrario, provoca desgaste porque la articulación trabaja de forma antinatural y constreñida. La circulación sanguínea es otra ventaja.
Estirar suavemente los músculos mejora la microcirculación de la sangre y la linfa en los tejidos, facilitando el suministro de nutrientes y la eliminación de productos de desecho. No sólo se siente relajación, sino también un agradable calor en la zona trabajada.No es necesario estirar con dolor ni utilizar posturas complicadas sacadas de internet. Basta con movimientos básicos: llegar hasta los dedos de los pies sentado con la espalda recta, arquear suavemente y arquear la espalda a cuatro patas, estirar suavemente el cuello.
La clave es la regularidad y la fluidez. Estos minutos son una inversión en un futuro en el que tu cuerpo seguirá siendo un instrumento obediente y no una fuente de molestias constantes.
La flexibilidad de la mente suele comenzar con la flexibilidad del cuerpo, con su capacidad para adaptarse y moverse sin crujidos ni resistencias.
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