En una cultura que valora las conversaciones enérgicas y los intercambios constantes, el silencio en pareja suele considerarse un fracaso incómodo, una señal de que no hay nada de qué hablar.
Pero es la capacidad de estar cómodamente en silencio con el otro lo que puede ser un indicador de una conexión mucho más profunda y madura que el diálogo más animado, según un corresponsal de .
En ese silencio nace una confianza que no necesita palabras mediadoras. Este silencio no es un vacío, sino un espacio rico en el que simplemente se está presente.
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Podéis mirar juntos por la ventana, cada uno pensando en lo suyo, y aun así sentir un fuerte e invisible hilo de conexión. No hace falta llenar la pausa de ruido para demostrar que estáis juntos.
Basta con estarlo para entenderse. Los psicólogos dicen que esos momentos sincronizan a la pareja a nivel psicofisiológico: la respiración se iguala, el estrés disminuye.
Esto devuelve a la relación la cualidad de un «frente doméstico», un puerto seguro donde tomarse un respiro del mundo sin ser cuestionado ni tener que entretener al otro. Aquí no te quieren por tu elocuencia, sino por el hecho de existir.
Sin embargo, los expertos en comunicación advierten: hay una gran diferencia entre el silencio cómodo y el opresivo. El primero relaja, el segundo presiona.
Si el silencio se ha convertido en la norma porque se sabe que todos los temas importantes son dolorosos o tabú, esto no es intimidad, sino un divorcio emocional. El silencio debe ser una elección, no una huida forzada del conflicto.
Para distinguir uno de otro, basta con hacerse una pregunta sincera: en este silencio, ¿siento soledad o paz? ¿Siento que mi pareja está mentalmente conmigo, aunque no hable?¿O se abre entre nosotros una cortina impenetrable? Las respuestas serán diferentes para las distintas parejas e incluso para los distintos momentos de la vida de una pareja.
La experiencia personal de las personas que mantienen relaciones largas confirma a menudo que los momentos más preciosos son aquellos en los que no hacen falta las palabras. Cuando una mirada basta para darse cuenta de que el otro también está cansado, o un ligero roce para expresar apoyo.
Este lenguaje no verbal suele ser más preciso y profundo que las palabras porque carece de la capacidad de mentir o embellecer. Aprender a apreciar este tipo de silencio es un gran paso hacia la madurez en el amor.
Dejas de utilizar al otro como una herramienta para entretener o validar tus pensamientos y le permites simplemente estar ahí, en su totalidad y en su separación. Y en ese espacio sin palabras, a veces nace la comprensión más importante.
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