Cuando la tapa de un tarro no cede ni ante las manos más fuertes, y se pierden los abrelatas especiales, no es la fuerza bruta la que acude al rescate, sino la comprensión de un sencillo principio físico.
Según el corresponsal de , una cinta adhesiva ordinaria pegada a la tapa y creando un punto de agarre reforzado puede crear precisamente la palanca de la que tanto carecen los dedos.
Hay que arrancar una tira de cinta adhesiva de 15-20 centímetros de largo y pegar uno de sus extremos al lateral de la tapa, dejando una larga «cola» libre. Presiona la tira firmemente para evitar que se despegue.
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A continuación, tira de este extremo libre hacia un lado, en paralelo al borde del tarro: la cinta adhesiva creará una potente fuerza de desgarro y la tapa casi siempre cede a la primera.
Este método funciona redistribuyendo la fuerza: ya no estás empujando la tapa desde arriba, sino creando una tensión horizontal direccional que rompe el sellado al vacío.
Este método es especialmente adecuado para tarros de cristal con tapa metálica, pero también funciona con recipientes de plástico.
No daña la tapa, no requiere herramientas auxiliares y elimina el riesgo de cortar o dejar caer el tarro.
En definitiva, es un truco que te hace ver un problema conocido desde un ángulo diferente aplicándole literalmente la ley de la palanca.
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