Estás poniéndote cómodo con un libro cuando, de repente, un peludo masajista aparece en tu regazo y empieza a «amasar la masa» metódicamente con sus patas.
Esta acción, tan tierna y extraña, tiene su origen en la más tierna infancia felina, pero en la edad adulta adquiere nuevos y profundos significados, informa el corresponsal de .
Los gatitos, al estimular con sus patas las glándulas mamarias de su madre, no sólo reciben alimento, sino también una potente dosis de endorfinas que les crea una sensación de seguridad y felicidad. De adultos, este gesto instintivo se traslada a los humanos, convirtiéndose en un signo de confianza y consuelo absolutos.
La gata que se retuerce contra ti vuelve a su estado de gatita despreocupada y te asigna el papel de madre protectora. Es la mayor forma de adulación, ya que te dice que se siente completamente segura en tu presencia.
Esto activa las glándulas sudoríparas situadas en las almohadillas de las patas. De este modo, el animal deja sus marcas de olor en ti, mezclando su olor con el tuyo.
Se trata de una especie de acto de «adopción», una solicitud de propiedad y de inclusión en el círculo de las criaturas más cercanas. Los expertos señalan que los gatos son especialmente activos amasando superficies blandas, cálidas y mullidas que les recuerdan el vientre de su madre.
A menudo se observa que el ritmo de los movimientos coincide con el ronroneo, creando todo un complejo de autocalma. Es su forma de lidiar con el estrés, recreando una imagen idílica del periodo más despreocupado de la vida.
Algunos gatos sueltan las garras durante este proceso, que puede resultar doloroso. No se trata de un comportamiento agresivo, sino de un reflejo incontrolado.
Colocar suavemente una manta gruesa bajo sus patas o simplemente esperar pacientemente no interrumpirá la ceremonia, pero les salvará la piel. Curiosamente, en la naturaleza se observa un comportamiento similar en los grandes felinos.
Los leones y los leopardos también repasan la hierba con sus patas antes de acostarse, creando una cómoda tumbada para ellos. Esto nos recuerda que, incluso en los rituales más acogedores, hay ecos de antepasados salvajes preparando una guarida.
Al permitir que el gato complete esta danza ancestral, afirmamos nuestra conexión. Abrazamos su extraño lenguaje, una mezcla de recuerdos de la infancia, química olfativa y una profunda necesidad de afirmación del parentesco.
Es una conversación silenciosa a nivel de instintos, en la que tu papel es ser un refugio seguro.
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