Mucha gente sigue imaginando el gimnasio como un reino de enormes pesas y hombres acalorados que se esfuerzan por hipertrofiar todos los músculos.
Esta imagen es desalentadora, sobre todo si tu objetivo es simplemente estar tonificado y sentirte bien contigo mismo, informa .
Pero la fuerza no es sólo volumen, sino ante todo calidad de vida. Debes empezar por lo más fundamental: tus huesos.
A partir de los 30 años, perdemos inexorablemente masa ósea y la osteoporosis se convierte en una amenaza real. El entrenamiento de fuerza pone en tensión el esqueleto, obligando al organismo a fortalecerlo, lo que constituye la mejor inversión en la vejez.
El metabolismo es otra ventaja de la que se habla menos de lo que se debería. El tejido muscular es metabólicamente activo, requiere energía incluso en reposo. Cuanta más haya, más calorías quemarás sentado en el sofá, lo que resulta mucho más agradable que las agotadoras sesiones de cardio.
La coordinación y el equilibrio son consecuencias no evidentes pero fundamentales del trabajo con pesas. Las sentadillas o estocadas con mancuernas obligan a los pequeños músculos estabilizadores a trabajar al unísono, creando un «corsé» seguro para todo el cuerpo y evitando lesiones domésticas.
Personalmente, me apunté al gimnasio tras un desafortunado incidente en el que tropecé torpemente y estuve a punto de lesionarme la espalda. Mi entrenador me enseñó movimientos básicos con un peso mínimo y, al cabo de un par de meses, me sorprendió notar que me movía con más confianza y que la rigidez matutina de la espalda había desaparecido.
Los neurólogos señalan que los ejercicios compuestos multiarticulares son un gran ejercicio no sólo para los músculos, sino también para el cerebro. El sistema nervioso tiene que crear nuevas conexiones para coordinar todo el cuerpo, lo que constituye una excelente medida preventiva contra los cambios relacionados con la edad.
La fuerza te da libertad. La libertad de llevar bolsas de la compra con facilidad, de jugar con los niños sin que te falte el aliento, de ir de excursión con una mochila.
No se trata de estética, sino de la funcionalidad de tu propio cuerpo, que a menudo perdemos por centrarnos sólo en el peso o la resistencia. No tienes que coger una barra de inmediato.
Empieza con ejercicios de peso corporal: sentadillas contra la pared, flexiones desde la mesa de la cocina, plancha. Lo principal es la técnica adecuada, no los kilos. Consultar a un especialista competente al principio te ahorrará tiempo y te protegerá de los errores.
Tu cuerpo está diseñado para moverse y vencer la resistencia. Dale la oportunidad y responderá con energía, resistencia y longevidad.
Olvídate de los estereotipos y piensa en el entrenamiento de fuerza como un servicio esencial para la máquina más importante de todas: tú mismo.
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