Cultivas plántulas de berenjena con especial inquietud, pero una mañana descubres que los tallos en el mismo suelo se han oscurecido, adelgazado, y las plántulas se tumban como encorvadas.
El pánico te hace pensar en terribles infecciones, pero la mayoría de las veces la culpa no es de la flora patógena, sino de un banal desbordamiento combinado con la falta de luz y la baja temperatura de la tierra en el alféizar, informa el corresponsal de .
Este es un cuadro clásico de «pie negro», una enfermedad fúngica que afecta a las plántulas debilitadas y mimadas.
Es imposible salvar las plantas caídas, pero se puede detener la epidemia: detener inmediatamente el riego, espolvorear a los tallos de arena calcinada o ceniza para secar, y las plántulas restantes verter una solución débil de manganeso o «Fitosporin».
Lo principal es proporcionarles frescor, sequedad y el máximo de luz.
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