Estás acostumbrado a atribuir tu estado a estar ocupado y estresado en el trabajo, pero tu cuerpo puede estar enviando señales que no encajan en un simple «estoy cansado».
Habla el idioma de la inflamación, las hormonas y las crisis nerviosas, y es un lenguaje que merece la pena aprender, informa .
Hace tiempo que el estrés dejó de ser una reacción momentánea ante una amenaza para convertirse en el ruido de fondo de la vida. El problema es que el cuerpo no distingue entre un plazo de entrega y un encuentro con un tigre dientes de sable, desencadenando los mismos mecanismos ancestrales de supervivencia con una coherencia envidiable.
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La primera sorpresa es la piel. Las erupciones persistentes, la rosácea repentina o una exacerbación de la psoriasis suelen tener su origen en unos niveles elevados de cortisol. Esta hormona afecta a la respuesta inmunitaria, haciendo la piel más vulnerable e inflamada sin razón externa aparente.
Las náuseas o molestias abdominales leves y constantes, que el médico de cabecera tacha de «síndrome del intestino irritable», también son compañeros frecuentes de la tensión crónica. El cerebro y el intestino están conectados directamente por el nervio vago, formando un eje que reacciona de forma aguda a los estados emocionales.
Los olvidos extraños y la niebla cerebral no son el inicio de una demencia precoz, sino una consecuencia probable de los efectos del estrés sobre el hipocampo, la zona del cerebro responsable de la memoria. Unos niveles elevados y prolongados de cortisol perjudican literalmente su funcionamiento, impidiendo que se concentre y forme nuevos recuerdos.
El dolor de dientes sin caries visibles es otro signo revelador no evidente. El bruxismo nocturno, o rechinar de dientes, es una manifestación física directa del estrés no procesado que nos llevamos a la cama. No sólo lo sufren nuestros dientes, sino también la articulación temporomandibular.
Los expertos en psicosomática aconsejan no luchar contra el estrés, sino observar sus manifestaciones corporales. Una simple exploración corporal en el momento del estrés ayuda: ¿dónde está el malestar ahora? ¿En la mandíbula apretada, en los hombros levantados, en el estómago comprimido? Éste es ya el primer paso hacia la atención plena.
Las prácticas respiratorias más sencillas, como la espiración prolongada, actúan como un interruptor para el sistema nervioso simpático, indicando al cuerpo que se ponga a salvo. No necesitas horas de meditación, basta con cinco minutos al día para dejar de ser rehén de tus propias reacciones.
El estrés no es el enemigo, simplemente forma parte de la vida. Pero cuando se convierte en su telón de fondo constante, el cuerpo empieza a gritar en el lenguaje de los síntomas. Escucha este grito antes de que se convierta en algo serio y date lo que realmente necesitas: no una pastilla, sino un descanso.
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