En una casa en la que viven varias personas, un gato suele elegir claramente a una: duerme sobre sus cosas, le recibe en la puerta, prefiere su regazo a todos los demás.
No se trata de un accidente ni de un capricho, sino del resultado de un cálculo complejo, que tiene en cuenta parámetros sutiles, a menudo invisibles para el resto de la familia, informa el corresponsal de .
El factor clave pasa a ser la calidad de la atención y el respeto de los límites, más que el volumen de las muestras de afecto. Una gata elegirá a alguien que no la coja en brazos contra su voluntad, sino que deje que sea ella quien tome la iniciativa. Alguien que le hable con calma, sin ser demasiado sensiblero, y cuyos movimientos sean medidos y predecibles.
Para un animal que valora el control de la situación, tal previsibilidad equivale a seguridad. El que se alimenta tiene sin duda ventaja, pero a menudo lo decisivo es el ritual que lo rodea, no el acto de alimentarse en sí.
Esperar tranquilamente a que el gato coma, sin intentar acariciarlo en ese momento, crea una asociación positiva con respeto a su vulnerabilidad. Se crea un fuerte vínculo entre la persona y una sensación de seguridad en un momento crítico.
Los gatos también saben leer el trasfondo emocional. Pueden gravitar hacia una persona con una energía más estable y tranquila, aunque sea menos activa a la hora de mostrar sus sentimientos.
O, por el contrario, hacia alguien que, como ellos, tenga una organización nerviosa delicada, creando una especie de unión de naturalezas sensibles. Esta elección no es inmutable para siempre.
Si el favorito se marcha durante mucho tiempo o cambia de comportamiento, el gato puede volver a fijarse en otro miembro de la familia que ahora esté más en sintonía con sus exigencias de comodidad y fiabilidad. Su lealtad no es una devoción ciega, sino un contrato continuo para obtener las mejores condiciones.
Puede ser frustrante admitir que no te han elegido, pero no es una sentencia. Revisando tu forma de comunicarte, ralentizando tus movimientos e invitando al gato a establecer su propia distancia y ritmo, puedes renegociar gradualmente este contrato tácito. La principal moneda de cambio en estas negociaciones no son las emociones, sino el tacto y la paciencia.
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