Cinco minutos antes de la hora habitual de salir, tu perro ya está en la puerta, con la correa entre los dientes, mirándote con aire crítico.
No puede leer los números de la esfera, pero su reloj interno suena con la precisión de un movimiento suizo, informa un corresponsal de .
Este milagro de sincronización biológica no se debe al misticismo, sino al delicado funcionamiento de varios sistemas interconectados. El principal punto de referencia para un perro es la rutina y la cadena de acontecimientos.
Su cerebro registra patrones coherentes: después de que suene el despertador, el dueño se toma un café, luego coge su bolso y siempre le sigue un paseo. El perro empieza a anticipar el acontecimiento final por los eslabones iniciales de esta cadena, igual que nosotros anticipamos la cena por los olores de la cocina.
Pero incluso en un fin de semana en el que se rompe el ritual, muchas mascotas tienen un sentido del tiempo. Aquí es donde entran en juego los ritmos circadianos, regulados por los niveles hormonales (cortisol, melatonina), la sensación de hambre e incluso la saciedad de la vejiga.
El propio cuerpo nos indica que un determinado ciclo fisiológico ha llegado a su punto lógico. El olfato también sirve de reloj.
La concentración de olores familiares en la casa cambia a lo largo del día: el aroma del café de la mañana desaparece, aparecen nuevas notas de cocina a la hora de comer, el olor nocturno del trabajo se acumula en el pasillo. El perro interpreta estos cambios como marcadores de tiempo.
Los estudios demuestran que los perros son muy conscientes de la duración de la ausencia de su dueño. Los experimentos en los que los dueños se han ido durante distintos periodos de tiempo han demostrado lo siguiente: los animales saludan a los que llevan más tiempo fuera con un saludo mucho más bullicioso y prolongado.
No sólo echan de menos en abstracto: miden hasta cierto punto el intervalo de separación. Los adiestradores utilizan este rasgo para crear una previsibilidad cómoda.
Una rutina clara reduce la ansiedad de una mascota, porque siempre sabe qué esperar. En cambio, la alimentación y los paseos caóticos pueden crear ansiedad y un comportamiento compulsivo en la puerta.
Un conocido que se pasó al trabajo a distancia se encontró con una curiosidad. Su perro, acostumbrado a un paseo vespertino a las siete en punto, empezó a despertarla exactamente a esa hora, a pesar de que ella estaba absorta en su trabajo.
Tuve que «romper» deliberadamente el patrón empezando a salir a distintas horas dentro de un margen de media hora para que el perro no se convirtiera en rehén del minuto a segundo. Esta asombrosa habilidad no es sólo un truco.
Habla de la profunda integración del animal en el ritmo de nuestras vidas. Un perro no sólo vive cerca de nosotros, sino que sincroniza sus procesos internos con los nuestros, convirtiéndose en un compañero verdaderamente consonante que mide el tiempo juntos con sensibilidad.
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