Admiramos la gracia de un gato, pero pocas veces nos damos cuenta de que cada movimiento, cada órgano, es el resultado de millones de años de evolución que lo han perfeccionado hasta convertirlo en el cazador perfecto.
Su cuerpo es el mecanismo biológico más complejo creado para la persecución silenciosa, el ataque relámpago y una fantástica capacidad de supervivencia en las condiciones más diversas, informa el corresponsal de .
La flexible columna vertebral del gato, formada por más vértebras que la de los humanos, le permite arquear la espalda, enroscarse en una bola y girar la parte delantera del cuerpo con respecto a la espalda casi 180 grados.
Sus patas delanteras, conectadas no por huesos sino por tendones elásticos, actúan como amortiguadores naturales, amortiguan un salto desde cualquier altura y hacen que su andar sea silencioso. Este «hombro flotante» es la clave de su famoso andar felino y de su capacidad para meterse por las rendijas más estrechas.
Sus famosos ojos que brillan en la oscuridad no son mágicos, sino una compleja capa reflectante detrás de la retina, el tapetum, que amplifica los rayos de luz más pequeños. Al abrir bien las pupilas en la penumbra, el gato aprovecha todos los fotones, pero en la oscuridad total, contrariamente a lo que dicen los mitos, es tan ciego como nosotros.
Sin embargo, su ángulo de visión de 270 grados y su visión binocular le permiten calcular con precisión de joyero la distancia a la que se encuentra su presa antes del salto decisivo. El bigote, o vibrisas, no es una simple joya, sino un radar supersensible conectado directamente al cerebro y que capta las más leves vibraciones del aire.
Con su ayuda, el gato «palpa» el espacio, determina el tamaño de los agujeros, siente la aproximación de objetos en plena oscuridad e incluso capta los cambios de presión atmosférica. Esta es su principal herramienta de navegación en plena oscuridad, sin la cual se siente perdido y vulnerable.
Incluso su aparente pereza -duerme entre 14 y 16 horas por noche- es la estrategia de ahorro de energía de un depredador solitario que debe estar preparado para una carrera corta pero agotadora. Y el ronroneo a bajas frecuencias, según una hipótesis, no sólo la calma, sino que favorece la regeneración de tejidos y el empalme óseo, ayudándola a recuperarse de las heridas.
Así que tu mascota es una obra maestra andante de la biomecánica, que demuestra a cada segundo las maravillas de la ingeniería de la naturaleza.
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