Un plato caliente de gachas o tortilla en una mañana fría no es sólo una cuestión de comodidad, sino un inteligente movimiento estratégico para encender el fuego interior.
Según un corresponsal de , los alimentos calientes requieren menos energía del organismo para calentarse a la temperatura corporal, lo que permite al sistema digestivo ponerse a trabajar más rápida y eficazmente.
Un desayuno copioso, que contrasta en temperatura con el aire fresco, «sacude» suavemente el metabolismo, marcando el tono energético del día. Es como calentar el coche en invierno antes de viajar: un arranque suave conserva recursos y evita sobrecargas.
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Abandonamos los batidos fríos y los sándwiches en favor de la avena caliente cuando nos dimos cuenta de cómo el desánimo y el frío otoñales estaban afectando a nuestras mañanas. Al cabo de una semana, empecé a despertarme con una clara sensación de hambre en lugar de un vago deseo de dormir más, y recuperé esa energía matutina que había olvidado hacía tiempo.
La comida fría, sobre todo con el estómago vacío, puede provocar vasoespasmos estomacales y ralentizar el peristaltismo. El cuerpo tiene que gastar valiosas calorías en calentarse internamente en lugar de en actividades productivas, lo que a menudo provoca una sensación de pereza y pesadez.
El contraste de temperaturas es un poderoso estímulo para la termogénesis, el proceso de producción de calor por el propio cuerpo. Un ligero calentamiento interior le ayuda a adaptarse más rápidamente al frío exterior, le hace más resistente a los resfriados estacionales y aumenta imperceptiblemente su gasto energético diario.
Esto no significa que tengas que renunciar a todas las comidas frías. Es la primera comida, la más importante, la que marca el ritmo.
En verano, cuando el propio cuerpo se sobrecalienta, la relevancia de un desayuno caliente se reduce y cobran protagonismo las opciones refrescantes. Prueba a desayunar caliente al menos durante una semana.No tiene por qué ser una comida complicada: requesón caliente, huevos escalfados o incluso un simple vaso de bebida caliente en lugar de zumo helado ya marcarán la diferencia en cómo te sientes. Cuando tu cuerpo recibe calor del exterior por la mañana, se siente menos estresado y te lo agradece con energía estable, la cabeza despejada y un apetito tranquilo y controlado hasta la hora de comer.
Es una inversión pequeña pero tan importante en tus propios recursos. Te sorprendería lo mucho que este sencillo hábito puede cambiar la calidad de tu rutina invernal.
Transforma el desayuno de una comida rutinaria en un acto de cuidado que calienta no sólo tu estómago, sino también tu estado de ánimo para el día que tienes por delante.
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