Estás seguro de que entiendes cada respiración y cada movimiento de la cola de tu gato, pero la ciencia está dispuesta a discutirlo.
Investigadores franceses han descubierto que en un tercio de los casos malinterpretamos categóricamente las señales de descontento de los gatos, porque inconscientemente queremos ver feliz a la mascota, informa el corresponsal de .
Este «sesgo positivo» hace que nos pongamos gafas de color de rosa y pasemos por alto toda una capa de comunicación felina. Reconocemos perfectamente un ronroneo satisfecho y un roce afectuoso de las patas, porque estas señales también nos resultan agradables.
Pero cuando se trata de emociones más sutiles o negativas, nuestra lógica humana falla y a menudo confundimos el miedo con el juego y el estrés con la tranquilidad. Por ejemplo, el famoso ronroneo del gato no es sinónimo de felicidad, sino una compleja herramienta de comunicación y autorregulación.
En un estado de estrés extremo, miedo o incluso dolor, un gato puede ronronear fuerte en un intento de calmarse. Es el raro caso en que un sonido asociado a la paz se convierte en un grito de auxilio que necesitamos oír.
Al ignorar estas señales, arriesgamos no sólo la comprensión, sino también la salud de la mascota que soporta la incomodidad de estar sola. Los expertos-etólogos, que realizaron un experimento a gran escala con 630 participantes, demostraron que para «traducir» con precisión los pensamientos de un gato, debemos tener en cuenta tanto el sonido como la imagen al mismo tiempo.
Un maullido lastimero por sí solo no dirá tanto como ese mismo maullido acompañado de orejas erguidas, pelaje esponjado y una cola que se mueve nerviosa. Nuestro error es que a menudo tomamos una señal fuera de contexto cuando intentamos entender el conjunto.
Tendemos a humanizar el comportamiento del gato proyectando en él nuestras propias emociones y nuestra lógica, lo que conduce a malentendidos fatales. Los especialistas insisten en que el gato es una especie diferente con una forma única de percibir el mundo, y su lenguaje se basa en principios distintos.
Para empezar a escuchar de verdad a su mascota, debe dejar de lado sus percepciones durante un rato y empezar a observar desapasionadamente. Presta atención a una combinación de señales: posición de las orejas, posición de la cola, tensión corporal, amplitud de las pupilas y sonido.
Las pupilas dilatadas a plena luz pueden no indicar mala visión, sino una fuerte excitación emocional, tanto alegre como aterradora. Sólo una descodificación tan exhaustiva evitará errores fatales.
Haga un diario de observaciones, donde anotará en qué situaciones y con qué «conjunto» de señales el gato se comporta de tal o cual manera. Con el tiempo, empezarás a notar patrones invisibles para el ojo del principiante, y vuestra relación alcanzará un nivel increíblemente profundo.
Es un trabajo minucioso, pero merece la pena, porque como recompensa obtendrá la clave del mundo secreto que se esconde tras los ojos verdes o azules. Recuerda que tu gato te está hablando cada segundo con docenas de maullidos, cientos de posturas corporales y miles de miradas sutiles.
No está callado, sólo habla en un lenguaje propio, rico y complejo, que estamos empezando a aprender. Y el primer paso hacia el diálogo es admitir que seguimos siendo muy malos intérpretes, pero que tenemos todas las posibilidades de mejorar.
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