En otoño o a finales de primavera, el corazón del propietario de una pícea azul o de una esponjosa tuya se encoge de miedo: la mascota empieza a enrojecer rápidamente desde el interior, más cerca del tronco.
La propia mano echa mano de fungicidas y tijeras de podar, pero lo más frecuente es que esta acción sólo haga daño, informa el corresponsal de .
Este amarilleamiento y desmoronamiento «inverso» de las agujas viejas es un proceso de rejuvenecimiento absolutamente natural, similar a la caída de las hojas en los árboles de hoja caduca. Las coníferas, a excepción del alerce, también cambian de atuendo, pero lo hacen gradualmente, cada pocos años, desprendiéndose de las agujas más viejas, las interiores, que están menos iluminadas.
El proceso suele afectar sólo a las ramas del interior de la copa, mientras que los brotes jóvenes de los extremos permanecen frescos y verdes. El pánico sólo es apropiado cuando las puntas de los brotes jóvenes del año en curso se vuelven amarillas y mueren: es una señal de alarma.
El verdadero motivo de preocupación suele residir en el aspecto de los cuidados. El agotamiento primaveral, cuando la planta se despierta y sus raíces aún duermen en el suelo helado, requiere riego y sombreado otoñales.
La clorosis estival por carencia de magnesio y hierro no se trata con abonos universales, sino con complejos especiales de quelatos aplicados bajo la raíz o sobre las acículas.
Las infecciones fúngicas, como la schutte, se manifiestan de forma diferente: las agujas no sólo se vuelven amarillas, sino que se cubren de pequeños puntos o manchas negras y empiezan a desmoronarse en masa. Aquí no se puede prescindir de un diagnóstico y un tratamiento correctos, pero incluso en este caso es importante no cortar la planta de una vez, sino suprimir primero la infección, ya que de lo contrario el estrés acabará con ella.
La regla principal al ver amarilleamiento interno es observar y no interferir con el pulverizador y la sierra. Barre suavemente las copas con una mano enguantada y ayuda al árbol a liberarse de las agujas viejas para mejorar la ventilación.
Compruebe la humedad del suelo, recuerde cuándo aplicó por última vez un abono especializado para coníferas. Comprender esta sencilla biología le evitará malgastar dinero en medicamentos y evitará a sus plantas podas precipitadas.
Su tarea no consiste en tratar una enfermedad inexistente, sino en cuidar su árbol de forma que el proceso de renovación natural sea lo más suave e imperceptible posible. Así sus coníferas se mantendrán esponjosas y sanas, y usted tendrá la tranquilidad de saber que a veces la naturaleza simplemente hace su trabajo.
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