¿Has notado alguna vez que la comida insípida te hace comer más aunque tu estómago ya esté lleno?
Resulta que nuestra sensación de saciedad está directamente relacionada no sólo con las calorías, sino también con la intensidad de la experiencia del sabor, informa .
Las especias brillantes y profundas pueden engañar al cerebro para que envíe señales de que la comida es rica y variada, lo que significa que está bien parar. El secreto está en los complejos aceites esenciales del comino, el cilantro, el pimentón o la cúrcuma.
Pixabay
Estos compuestos interactúan activamente con los receptores, creando un regusto prolongado y una sensación de finalización de la comida. Un plato generosamente condimentado no quiere ser tragado rápidamente, sino saboreado, lo que ralentiza naturalmente el proceso y permite captar a tiempo la señal de saciedad.
Tomemos como ejemplo unas simples lentejas hervidas, que por sí solas pueden parecer toscas y aburridas. Tuesta la zira y las semillas de mostaza en una sartén seca hasta que crepiten de forma característica, añade una pizca de asafétida y cilantro molido, y mézclalo con las lentejas.
Obtendrás un producto completamente diferente: sabroso, rico, después del cual no tendrás la tentación de buscar añadidos. Un ramillete de tomillo y romero frescos echado en la sartén cinco minutos antes del final de la cocción le da tal bouquet que no querrás cubrirlo con crema agria grasienta o picatostes.
La saturación proviene del propio caldo, no de los añadidos calóricos. Es importante no echarlo todo con la esperanza de que ocurra un milagro.
Las especias deben «despertarse» previamente con calor. Calentarlas en una sartén seca o freírlas brevemente en un poco de aceite liberará mucho mejor su potencial.
Este diminuto ritual separa la cocina amateur de la cocina consciente. No olvides las hierbas frescas, que funcionan con un principio similar.
Un puñado de rúcula o cilantro añadido a un plato ya cocinado aporta una nota fresca, casi picante, que refresca el sabor y permite comer menos cantidad del alimento básico. Las verduras son el acorde final, sin el cual la sinfonía de sabores queda incompleta.
Experimenta añadiendo jengibre encurtido finamente picado y ralladura de lima a la carne picada de las chuletas, en lugar de sal y pimienta.
La carne ya no será sólo una fuente de proteínas, brillará con nuevas facetas, y una chuleta será suficiente. Las especias son la forma más económica de hacer que una dieta sea lujosa y suficiente.
Lea también
- Por qué necesitas un temporizador de té: la química que arruina tu bebida
- Cómo convertir una cena recalentada en una obra maestra: la ciencia de la segunda vida de los alimentos
