Te despiertas pensando: «No va a volver a sacar la basura», y por la noche este pensamiento se materializa en una discusión, a pesar de que suele hacerlo.
O, por el contrario, decides internamente: «Hoy será un buen día», y los pequeños enfados pasan de largo, informa el corresponsal de .
Tu monólogo interior sobre tu pareja y tu relación no es sólo un fondo, es un material de construcción activo a partir del cual día a día se forma la realidad general. Los psicólogos llaman a este fenómeno profecía autocumplida o efecto Rosenthal.
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Si esperas constantemente que tu pareja fracase, sea fría o aburrida, sin darte cuenta empiezas a comportarte de un modo que provoca esta reacción. Te vuelves más crítico, distante o exigente y él, al sentir esta presión o desconfianza, acaba cumpliendo tus peores expectativas.
Los expertos en terapia cognitivo-conductual aconsejan rastrear y desafiar los pensamientos negativos automáticos. En cuanto te sorprendas utilizando la fórmula «él siempre…» o «ella nunca…», detente y pregúntate: «¿Es realmente siempre? ¿Hubo excepciones?».
Esta sencilla pregunta devuelve la percepción de la categorización en blanco y negro a la vida real, coloreada y ambigua. La experiencia personal de muchos que han empezado a trabajar con su diálogo interior describe un efecto casi mágico.
Cuando dejas de atribuir mentalmente malicia o defectos irremediables a tu pareja y, en su lugar, le concedes el derecho a equivocarse y a cambiar, la atmósfera de la casa cambia. Dejas de ser un investigador que recoge pruebas y te conviertes en un aliado, lo que desencadena un deseo recíproco de ser mejor.
No se trata de autoengañarse e ignorar los verdaderos problemas. Se trata de desplazar el centro de atención de las acusaciones globales de carácter a comportamientos concretos y debatirlos.
La diferencia entre «eres un irresponsable» y «esta vez te has olvidado del acuerdo y me he enfadado» es enorme. Lo primero es una frase, lo segundo es el inicio de un diálogo.Tu voz interior también determina tu estado de ánimo. Si te pasas el día quejándote mentalmente de tu pareja, llegas a casa ya cargado de irritación.
Si dedicas dos minutos a recordar por qué le aprecias, cruzarás el umbral con el corazón abierto. Tú eliges con qué equipaje llegas a la noche.
Cuando tomas el control de tu diálogo interno, recuperas el poder sobre el clima de tu relación. Te das cuenta de que tus pensamientos no son la realidad objetiva, sino una interpretación de ella.
Y tienes la llave para interpretarla en la dirección de la gratitud y la esperanza, en lugar del resentimiento y la decepción. Y esa llave puede abrir la puerta a una relación completamente diferente, mucho más brillante.
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